EN VENECIA esta fiesta se celebra todos los años el tercer domingo del mes de julio.

Es una fiesta muy sentida por la población que en gran masa va a la isla de Giudecca, comunicada en dicha ocasión con un puente de barcos. Recuerda a los venecianos y al mundo entero, la terrible epidemia de peste que azotó Europa a finales del siglo XVI.

Solamente en Venecia se contabilizaron 50.000 víctimas en 2 años. En dicha época las pestilencias se consideraban castigos divinos por lo que se decidió invocar la salvación de la ciudad con la construcción de un templo dedicado al Redentor.

El tercer domingo del mes de julio de 1577 se proclamó el final de la epidemia y el templo, diseñado por Palladio, se acabó después de 15 años.

Desde entonces, anualmente, miles de personas van a Venecia para vivir la magia de esta fiesta en la que participa la iglesia del Redentore y todos los rincones de Venecia, hasta la cuenca de San Marcos y toda la Laguna, cuajadas de barcos en fiesta, que ofrecen un escenario único y magnífico que culmina con un espectáculo pirotécnico grandioso para luego ir al Lido y ver amanecer.

Se puede afirmar que esta fiesta es la celebración del vivir de los habitantes de Venecia, que pasan tiempo entre ellos, comen y beben juntos hablando, a tagliar tabarri, como se decía en el siglo XVIII para decir un cotilleo de poca importancia.

En esta atmósfera informal, rebosante de alegría, cantos y tanto placer de estar juntos, entre un cotilleo y un vaso de vino, tampoco falta algún nostálgico que, con las notas de San Marco e il suo Leon, recuerda hazañas y hechos lejanos pero presentes, como prueba de un pasado glorioso y de una tradición que penetra en las almas desde las piedras de esta ciudad y perdura en el tiempo.

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